Trazabilidad y certificaciones: cómo evitar el greenwashing en textiles laborales
La sustentabilidad textil necesita evidencia. En un mercado donde cada vez más productos se presentan como “ecológicos”, “reciclados”, “verdes” o “circulares”, las áreas de compras y sustentabilidad deben aprender a distinguir entre una declaración comercial y un atributo verificable.
Esto es especialmente importante en ropa de trabajo. Una empresa no compra solo una prenda: compra protección, durabilidad, imagen corporativa, confort y cumplimiento. Por eso, cualquier atributo ambiental debe estar respaldado por información técnica clara y no puede reemplazar los requisitos funcionales del producto.
Existen distintas certificaciones ambientales vinculadas a producción, trazabilidad, valorización, materiales reciclados, impacto ambiental, fibras orgánicas, materiales sintéticos, biodegradables y circulares. Esta diversidad muestra que no existe una sola forma de acreditar sustentabilidad, pero también confirma que las afirmaciones ambientales deben sustentarse en datos concretos.
Para una empresa compradora, el primer filtro debería ser la ficha técnica. Allí debe estar claramente indicada la composición de la tela, sus atributos funcionales, cuidados de lavado, origen de materiales cuando corresponda y certificaciones aplicables. En el caso de prendas con contenido reciclado, es recomendable solicitar respaldo del porcentaje declarado y del estándar utilizado para verificarlo.
El segundo filtro es la trazabilidad. En el contexto internacional las normas para el reciclaje y la circularidad de textiles avanzan hacia mayores exigencias de trazabilidad, sistemas colectivos e incentivos al ecodiseño. En la práctica, esto significa que las empresas deberán conocer mejor qué compran, a quién lo compran, de qué está hecho y qué posibilidades tiene al final de su vida útil.
El tercer filtro es la coherencia técnica. Una prenda laboral puede incorporar criterios ambientales, pero debe seguir cumpliendo su función. En ropa impermeable, térmica, agrícola, alimentaria o de protección, no basta con que el material tenga un atributo sustentable; debe resistir las condiciones reales de uso. La circularidad sin desempeño puede terminar generando más residuos si la prenda falla antes de tiempo.
También es importante evitar afirmaciones generales. Decir que una prenda es “amigable con el medio ambiente” aporta poco si no se explica por qué. Es más transparente indicar atributos concretos: mayor durabilidad, material reciclado certificado, posibilidad de reparación, composición conocida, menor complejidad de materiales, proveedor local, instrucciones de cuidado o programa de retiro.
En Chile, la discusión sobre textiles y su inclusión en la Ley REP avanza en paralelo a otras acciones, como proyectos de normas sobre microplásticos de origen textil impulsados por el INN y medidas asociadas a la gestión de textiles usados. Esto confirma que la trazabilidad será cada vez más relevante.
La recomendación para las empresas es clara: incorporar criterios verificables en sus bases de compra. Pedir composición, certificaciones, información de vida útil, instrucciones de mantención y alternativas de gestión al final de uso. Así, la compra de ropa laboral puede pasar de una lógica de reposición a una estrategia de abastecimiento responsable, alineada con las buenas prácticas ambientales y sociales.