La economía circular textil no puede construirse solo con buenas intenciones ni con frases atractivas. Conceptos como “sustentable”, “ecológico”, “reciclado”, “responsable” o “circular” aparecen cada vez con más frecuencia en productos textiles, uniformes, ropa de trabajo y elementos de protección personal. Sin embargo, cuando esas declaraciones no cuentan con información clara, verificable y proporcional, pueden transformarse en greenwashing o lavado verde de imagen.
El greenwashing ocurre cuando una empresa comunica atributos ambientales de un producto, proceso o marca de una forma que puede inducir a error. No siempre implica una intención deliberada de engañar. A veces nace de información incompleta, exceso de entusiasmo comercial, uso impreciso de conceptos ambientales o falta de criterios técnicos para respaldar lo que se declara.
En el sector textil, este riesgo es especialmente alto. Una prenda puede contener un porcentaje de material reciclado, pero eso no significa necesariamente que todo el producto sea circular. Puede tener una etiqueta “eco”, pero no informar su composición completa. Puede hablar de menor impacto ambiental, pero sin explicar respecto de qué se compara, bajo qué metodología o con qué respaldo técnico.
La Estrategia de Economía Circular para Textiles al 2040, elaborada por el Ministerio del Medio Ambiente, reconoce este desafío. Dentro de sus acciones contempla evitar el lavado verde de imagen en el sector textil, fomentando que las declaraciones de empresas sobre atributos sostenibles de sus productos sean verificables por terceros.
Esta línea es relevante para fabricantes, importadores, comercializadores y también para empresas compradoras de ropa de trabajo. En un mercado donde las áreas de compras, sostenibilidad y cumplimiento comienzan a exigir productos más responsables, las declaraciones ambientales deben ser precisas. No basta con decir que una prenda es “sustentable”: hay que explicar qué atributo tiene, cómo se mide y qué evidencia lo respalda.
Para una empresa que compra uniformes, parkas, chaquetas, pantalones, delantales o EPP, el riesgo también existe. Si un comprador incorpora en sus bases de licitación exigencias ambientales generales, pero no define cómo se acreditan, puede terminar recibiendo ofertas difíciles de comparar. Y si luego comunica internamente que adquirió productos “circulares” o “sustentables” sin respaldo suficiente, también puede exponerse a cuestionamientos.
Por eso, el desafío no es solo prohibir el greenwashing. También es construir condiciones para que las buenas prácticas puedan demostrarse. Una regulación efectiva debería ir acompañada de sistemas de certificación ambiental claros, accesibles, reconocidos y de fácil utilización. Si las empresas no cuentan con herramientas prácticas para verificar atributos, la norma corre el riesgo de transformarse en una exigencia difícil de aplicar.
La experiencia europea muestra justamente esa tensión. Las normas contra declaraciones ambientales engañosas buscan proteger a consumidores y empresas serias, pero también han enfrentado debates por la carga administrativa que pueden generar, especialmente para pequeñas y medianas empresas. Cuando no existe un sistema simple, proporcional y estructurado de certificaciones o verificaciones, las exigencias pueden terminar siendo costosas, confusas o poco utilizadas.
Para Chile, esta es una lección importante. Evitar el greenwashing textil es necesario, pero debe hacerse con criterios técnicos aplicables a la realidad del mercado nacional. El objetivo debiera ser elevar la calidad de la información, no crear barreras imposibles de cumplir para proveedores formales que están avanzando gradualmente hacia mejores prácticas.
En ropa de trabajo, una declaración ambiental responsable debería apoyarse en antecedentes concretos: composición de materiales, porcentaje de fibras recicladas si corresponde, durabilidad, instrucciones de cuidado, posibilidad de reparación, trazabilidad, certificaciones aplicables o mecanismos de valorización al final de la vida útil. Mientras más específico sea el atributo, más fácil será verificarlo.
El futuro de la economía circular textil requerirá un lenguaje más preciso. La sostenibilidad no debería usarse como un adjetivo decorativo, sino como una afirmación respaldada por datos, documentos y criterios verificables.
En Agrotex creemos que la transparencia será clave para avanzar. Comunicar mejor, documentar mejor y comprar mejor permitirá diferenciar a los proveedores responsables y entregar mayor seguridad a las empresas que necesitan ropa de trabajo durable, técnica y alineada con las nuevas exigencias ambientales.