La circularidad textil dejó de ser un tema exclusivo de la moda. En Chile, también comienza a ser un asunto relevante para las empresas que compran, usan, reemplazan o dan de baja grandes volúmenes de ropa de trabajo, uniformes corporativos, delantales, parkas, chaquetas impermeables, overoles y otros textiles laborales.
La incorporación de los textiles a la Ley REP marca un cambio importante en la forma en que el país deberá producir, comercializar, usar y gestionar este tipo de productos. La Ley 20.920, conocida como Ley REP, establece un marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor y el fomento al reciclaje. En términos simples, obliga a los productores de productos prioritarios a organizar y financiar la gestión de los residuos derivados de los productos que colocan en el mercado.
¿Por qué esto importa a las áreas de compras y sustentabilidad? Porque la definición de textil considerada en el proceso chileno es amplia: incluye productos compuestos principalmente por fibras textiles, cualquiera sea su nivel de elaboración o confección. Las categorías mencionadas abarcan prendas de vestir, textiles del hogar, calzado compuesto principalmente por materiales textiles, accesorios y otros textiles, con independencia de si su uso es doméstico, laboral u otro.
Esto significa que la ropa de trabajo también debe entrar en la conversación. Aunque las obligaciones directas pueden recaer principalmente sobre quienes producen, importan o introducen estos productos al mercado, las empresas compradoras tendrán un rol cada vez más importante al exigir información, trazabilidad, durabilidad y alternativas responsables para el fin de vida de las prendas.
La Mesa de Circularidad Textil de la Cámara de Comercio de Santiago ha planteado justamente la necesidad de anticiparse. En su jornada inaugural, la CCS reunió a actores públicos y privados para abordar desafíos regulatorios, compartir experiencias internacionales y definir próximos pasos hacia una industria más circular.
Para una empresa mediana o grande, anticiparse no significa esperar a que exista una obligación detallada para recién actuar. Significa revisar sus contratos de suministro, incorporar criterios ambientales en las licitaciones, pedir fichas técnicas completas, conocer la composición de las prendas, privilegiar productos durables y evaluar qué ocurrirá cuando esos uniformes salgan de uso.
En ropa laboral, la circularidad debe tener racionalidad técnica. No se trata de comprar cualquier prenda “reciclada”, sino de asegurar que el producto cumpla su función: proteger, resistir, durar, ser confortable y, cuando sea posible, facilitar su reparación, reutilización o valorización.
La recomendación para las empresas es comenzar hoy con preguntas simples: ¿cuánto duran las prendas que compramos?, ¿qué hacemos con ellas al final de su vida útil?, ¿podemos repararlas?, ¿existe información sobre su composición?, ¿el proveedor puede apoyar un retiro responsable? En el nuevo entorno normativo chileno, comprar ropa de trabajo también será una decisión ambiental. (Fuentes: Presentación “Mesa Gremial Circularidad Textil Chile” de la Cámara de Comercio de Santiago; presentación “Benchmark Regulatorio y Sistemas de Gestión en Europa” expuesta en la misma instancia.